Maximiliano Sauza, entre lo literario de la antropología y lo antropológico de la literatura

Karina de la Paz Reyes Díaz 

02/07/2021, Xalapa, Ver.- Los dioses que huyeron, de Maximiliano Sauza Durán, Premio Latinoamericano de Primera Novela “Sergio Galindo” 2020 de la Universidad Veracruzana (UV), tiene como dedicatoria: “A René Cabrera Palomec, quien me enseñó lo literario de la antropología y lo antropológico de la literatura… Con postal a un amoxcalli en el Mictlán”. De cómo su autor conjuga estas dos disciplinas y de la obra epistolar histórica en sí, se habló en la Feria Internacional del Libro Universitario Virtual (FILUV) 2021. 

Se trató de la primera presentación de la decimocuarta obra ganadora del premio citado, realizada el 30 de junio por el Facebook Live de la FILUV, acto en el que participaron la escritora española Raquel Martínez-Gómez y la investigadora del Instituto de Antropología de la UV, Virginia Arieta Baizabal, quienes remarcaron la minuciosa labor de documentación histórica que tiene la novela; así como el autor y el coordinador de la feria, Germán Martínez Aceves, en calidad de moderador. 

“Su primera novela, Los dioses que huyeron, es la médula de una saga de ficción histórica titulada Tzompantli, que incluye escritos de todos los géneros”, se lee en la solapa del libro, de lo cual también habló el autor en la presentación. 

En un inicio, su interés era escribir de la historia de la arqueología y de determinadas figuras que son de su interés, ya fuera a través de cuentos o ensayos. 

“En el verano de 2018 estaba en casa de mis padres, en Apaseo el Alto, y leyendo el ensayo de ‘La poética de La Mancha’ de Carlos Fuentes, veo la frase fulminante: ‘¿Quién es el autor del Nuevo Mundo? ¿Colón, que lo pisó primero, o Vespucio, que primero lo nombró? ¿Los dioses que huyeron, o el dios que llegó?’. Cuando leí esa frase reventó la idea en mi cabeza.” 

Fue cuando determinó que haría una novela, compuesta de cuentos, pequeñas piezas teatrales, flujos de conciencia. “Me di cuenta de que lo que quería hacer podía tener un hilo perfectamente armado con las dos cosas que creo que conozco: la arqueología y la literatura”. En ese entonces ya había egresado del programa educativo de Arqueología y estaba a la mitad de la Maestría en Literatura Mexicana, ambas por la UV. 

La novela, que tiene 24 voces, la escribió en un año, pero acumula siete de lecturas, y detonó lo que trabaja actualmente, Tzompantli. Aclaró que para él no se trata de una saga, porque ésta tendría que ser estrictamente narrativa, y él más bien trabaja en poemas, ensayos, piezas teatrales. “Yo lo concibo como una ‘novela total’ ”, que considera en cinco años más poder concretar.  

Raquel Martínez-Gómez, quien precisamente fue parte del jurado formado para deliberar al ganador del Premio Latinoamericano de Primera Novela “Sergio Galindo” 2020 expuso: “Con un estilo epistolar recoge y confabula los testimonios de personajes que van desde la Malinche en el siglo XVI hasta Claude Lévi-Strauss en el XX y va recorriendo, a través de distintos protagonistas, estos cinco siglos de la historia de México, que se entrecruzan, se citan, se cuentan, se escuchan, se adulan, se insultan o dejan patente su admiración entre unas y otros”. 

En opinión de la autora de Los huecos de la memoria (Editorial UV, 2018), cada personaje es como un tepalcate que permite a Maximiliano Sauza, al “arqueólogo-escritor”, componer un relato que ayuda en algunas preguntas que suscitan la amalgama de identidades y culturas llamada México. No obstante, aclara, “como en las buenas obras, abre más interrogantes todavía, de las que cierra”. 

Así, habló detalladamente de la novela, las partes en que está conformada, las voces narrativas, los personajes, las citas. “Uno de los grandes aciertos del estilo es la incorporación de las palabras en náhuatl o de términos en los distintos mayas y otras lenguas mexicanas a la narrativa del castellano, dejándonos ver lo que de otra manera sería imposible”, elogió. 

Y le agradeció un relato de 500 años “de sueños y desgracias de millones de personas de un pueblo que resiste a todos los embates y continúa buscando en sus piedras una identidad que seguirá moldeándose”.  

En opinión de Virginia Arieta, coautora (con Ann Cyphers) de Dinámica y desarrollo de la población olmeca de San Lorenzo (UNAM, 2020), Maximiliano Sauza logra articular la labor de un gran investigador con la de un escritor. 

Si bien es una obra epistolar, el autor incluyó otros recursos: poesía, crónicas, relatos, fragmentos de diarios personales, dibujos y hasta una historieta, detalló la arqueóloga. 

“A través de cuatro siglos, de 1529 hasta finales del siglo XX, diferentes perspectivas de más de una veintena de personajes se entrelazan, ya sea como respuesta directa a sus cartas o por medio de finos y pequeños conectores del tamaño de una piedrecita de jade con el símbolo de Malinali o de una recurrente frase, muy mexicana.” 

Más aún: “Es brillante cómo Maximiliano construye relaciones entre conquistadores, conquistados, anticuarios, historiadores, fotógrafos, viajeros y viajeras, escritores y escritoras, dibujantes arquitectos, cronistas y arqueólogos separados por un largo tiempo”. 

Así, el autor lleva a Machu Picchu, la quinta avenida en Nueva York, pasando por Tepoztlán, Tajín, Palenque, Tula, Xochicalco, Uxmal, Chichén Itzá, Copán, Xalapa y Piedra Labrada en Los Tuxtlas. “Se cuenta sobre una historia miles de historias”. 

Refirió la misma cita de la novela que su antecesora en la voz: “La literatura y la arqueología son insulsas de un solo archipiélago…”; incluso la académica planteó la posibilidad de que el verdadero protagonista de la historia sea en realidad el propio autor. “Estoy feliz por nuestra disciplina y por la posibilidad de una vertiente más literaria para ella”, fue parte de lo que le dijo. 

Entre lo destacado por Germán Martínez está el hecho de que por primera ocasión un egresado de la UV haya obtenido el premio. 

Fuente: Universo